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Platos de cerámica pintados a mano: nuestros peces sin repetir

Hubo un momento en el taller en el que empezamos a llenar platos de peces.

Pero no eran peces reales.

No había fotografías delante. Ni un modelo que copiar. Ni un dibujo preparado para repetir una y otra vez.

Simplemente empezábamos a pintar.

Un ojo demasiado grande. Una aleta que aparecía donde no tocaba. Rayas, manchas, espinas imposibles. Peces inventados que iban apareciendo directamente sobre cada plato.

Y así nació una colección de platos de cerámica pintados a mano en la que ninguno era igual a otro.

Cuando no existe un patrón

Estamos acostumbrados a pensar que una colección debe repetir un diseño.

Aquí hicimos justo lo contrario.

Cada plato partía de cero. El dibujo se realizaba directamente a mano y, una vez terminado, no volvía a repetirse exactamente igual. Cambiaba la forma del pez, la posición de las líneas, el color, las manchas y hasta el carácter del dibujo.

No buscábamos representar una especie concreta.

Queríamos dibujar peces que no existían en ninguna parte.

Por eso, aunque todos pertenecían a la misma colección, cada uno tenía su propia personalidad.

Peces imaginarios sobre cerámica

El pez es un motivo que lleva mucho tiempo formando parte del lenguaje decorativo de la cerámica. Aparece en piezas históricas, en vajillas tradicionales y en objetos contemporáneos, reinterpretado una y otra vez.

Pero en esta colección de Gresierra no nos interesaba reproducir una tradición concreta ni hacer una representación realista.

Nos interesaba algo mucho más libre.

Un pez podía tener una cabeza enorme y un cuerpo diminuto. Otro podía llenarse de espinas. Algunos parecían estar nadando. Otros, sinceramente, no sabríamos muy bien qué estaban haciendo.

Y precisamente ahí estaba la gracia.

Cada plato era una pieza única

La diferencia entre decorar una pieza a partir de un diseño repetido y pintar cada plato de forma individual está en todo lo que ocurre durante el proceso.

La mano no repite exactamente el mismo gesto.

Una línea cambia.
Un color se desplaza.
Una mancha aparece donde no estaba prevista.

La cerámica hecha y decorada a mano permite precisamente esa variación. Las pequeñas diferencias forman parte del resultado y hacen que cada pieza tenga su propio carácter.

En nuestros peces no intentamos eliminar esas diferencias.

Las buscamos.

Una vajilla que también podía ser decoración

Un plato no tiene por qué vivir escondido dentro de un armario.

Puede formar parte de una mesa, aparecer sobre una estantería o convertirse en una pieza decorativa. Las composiciones realizadas con platos de cerámica son, de hecho, una forma habitual de introducir color, textura y personalidad en un espacio.

Y esta colección tenía algo especialmente divertido: al reunir varios platos, los peces parecían formar una especie de universo propio.

Ninguno coincidía exactamente con otro.

Pero juntos funcionaban.

Peces sin repetir

Hoy ya no conservamos aquellos platos.

Lo que sí conservamos son las fotografías.

Y al volver a encontrarlas nos hemos dado cuenta de que aquellas imágenes guardaban algo más que una colección de vajilla: muestran una forma de trabajar que sigue estando muy presente en nuestro taller.

La libertad de empezar sin saber exactamente cómo va a terminar una pieza.

El dibujo hecho a mano.

La posibilidad de que una colección tenga un lenguaje común sin necesidad de convertir todas sus piezas en copias.

Por eso hemos querido recuperar estos peces.

No para volver a hacerlos exactamente igual.

Sería imposible.

Y tampoco tendría sentido.

Porque aquellos peces pertenecen a ese momento.

Fueron imaginados, pintados y terminados uno a uno.

Y ninguno volvió a repetirse.


Cerámica artesanal y piezas creadas sin repetir

En Gresierra entendemos la cerámica como un espacio donde el diseño puede convivir con la espontaneidad.

Trabajamos desde colecciones de vajilla y piezas para hostelería hasta murales, objetos decorativos y proyectos especiales. Algunas piezas requieren precisión y repetición. Otras nacen directamente de la mano.

Estos peces pertenecen a la segunda categoría.

Una colección de platos de cerámica pintados a mano, creada sin un patrón cerrado y formada por dibujos que no buscaban ser idénticos.

Quizá por eso, al volver a verlos años después, siguen teniendo algo que nos gusta.

Siguen pareciendo peces.

Aunque ninguno de ellos exista realmente.